El próximo 1 de marzo comenzaremos la Cuaresma. El Papa Francisco nos ha mandado un mensaje precioso con las claves para vivirla y nosotros, como siempre desde la óptica de la familia, hemos querido “traducir” algunos de sus mensajes más importantes para poder contárselos a nuestros hijos en casa y que ellos puedan recibirlos en el corazón.

La Cuaresma es un camino. El Papa nos explica que la Cuaresma es como una carrera: imaginemos al atleta con sus zapatillas, listo para empezar a correr en la línea de salida. Cuando el corredor llega a la meta, no le darán una copa, ni una medalla. El que está en el podio es Jesús y el premio es la Resurrección. Las carreras implican esfuerzo, el corredor se cansa, ¿por qué lo hace entonces? Porque el premio merece la pena. La Cuaresma puede ser cansada y dura en algunos momentos, como en la carrera, hay cuestas y se pasa sed, pero es necesario atravesarlos para alcanzar la meta.

Recibimos una llamada de conversión: ¿significa esto que los que no creen en Dios deben empezar a hacerlo? ¡Ah, entonces esta llamada no es para mi, porque yo ya creo en Dios! Todos recibimos esta llamada. Imaginemos ahora un móvil, empieza a sonar y en nuestra pantalla aparece “Dios, llamando”. Podemos coger o no. Pero si cogemos, Dios se merece que le escuchemos atentamente. ¿Para que nos llama, entonces? Convertirse significa volver a decirle “te quiero”. Él ya sabe que le queremos, pero no por eso tenemos que dejar de decírselo. Igual que sabemos que nuestra madre nos quiere y no por eso ella deja de decírnoslo. Y lo más importante es que ese “te quiero” sea de corazón y no solo con los labios. Durante esta llamada con Dios puede que nos demos cuenta de que hay cosas que hemos hecho mal, no porque seamos malos, si no porque somos débiles y pequeños. Hemos pecado. Pero para Dios eso no importa, de hecho así es cuando más nos quiere. Y siempre siempre podemos pedirle perdón y volver con Él. No importa lo que hayamos hecho ni cuanto tardemos en volver, Él siempre seguirá llamando a tu móvil para cuando estés listo para dejar de comunicar.

El ayuno, la oración y la limosna. Son ayudas que la Iglesia nos da para poder correr la carrera. Igual que el atleta entrena, hace una dieta especial y se prepara mentalmente, el ayuno, la oración y la limosna son nuestros ejercicios para preparar la Cuaresma. El Papa nos las va a explicar a través del relato del hombre rico y el pobre Lázaro en tres puntos:

  1. El otro es un don. Significa que las personas son un regalo para mi. ¿Todas las personas? Sí, todas las personas. Mi madre, mi padre, mi hermano, mi vecino, mi profesor, el de clase que no me cae tan bien, el pobre que pide en la puerta del supermercado, el que está triste, el que está solo…Hay que imaginárselos a todos metidos en una gran caja envuelta con papel de regalo y con un gran lazo. Especialmente los últimos, son un regalo, ¿por qué? (fijarse en Lázaro) Porque en ellos encontramos a Jesús. Jesús quiso quedarse con los más necesitados. Él dijo “No he venido a buscar a los sanos, si no a los enfermos” refiriéndose no solo a los enfermos de salud, si no a cualquiera que sufra. Cuando no solo nos preocupamos de nosotros mismos, si no que empezamos a preocuparnos por los demás, recibimos el inmenso regalo de Jesús.
  2.  El pecado nos ciega. Aquí nos fijaremos en el rico de la Parábola. Tiene tanto dinero que solo puede pensar en cómo gastarlo: grandes festines y manjares, ropa cara…  ¡Así es imposible que vea que las personas de su alrededor son un regalo! Es que ni si quiera puede ver a las personas de su alrededor. A lo mejor nosotros no somos ricos, pero hay cosas que no nos dejan ver. Nuestro día tiene 24 horas, si ponemos demasiado interés en las cosas,  no podemos pasar tiempo con las personas de nuestra vida, ni con Dios.
  3. La Palabra es un don. ¿Cómo podemos saber qué cosas y qué actitudes nos están impidiendo estar con Dios? ¡Él mismo nos lo dice! ¿Donde? En su palabra. Que no se refiere solo a la palabra escrita en la Biblia. La palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de ayudarnos y reconducirnos a Dios. Son los animadores del estadio, donde se corre la carrera, que gritan fuerte “¡ánimo!”, son los carteles que te dicen cuantos km quedan, por dónde debes continuar y cuando vienen curvas difíciles, son los repartidores de agua a mitad de trayecto, son nuestra guía en la carrera y debemos estar muy atentos a ella.

Así estaremos preparados para la deseada meta. ¿Te animas a correr? ¡Preparados, listos, ya!