Hoy podemos hablar de un experimento que realizamos empíricamente en nuestra casa todos y cada uno de los días de la semana. ¿Cómo es vivir sin televisión? Pues a nuestra manera de ver, una maravilla.

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Que cuando tuviera mi propia casa, lo que más claro tenía era que en ella no iba a entrar televisión ni en el salón, ni en la cocina ni en cualquier otro cuarto, fue una decisión que tomé después de analizar minuciosamente la esclavitud que suponía en mi familia el aparato en cuestión. Para empezar no solo condicionaba la disposición de los muebles del salón, ¿os habéis parado a pensar que ninguna otra cosa en la casa hace que todo lo que se encuentre a su alrededor tenga que tener una disposición especifica?, sino que también hace que esté encendida y funcionando cuando no se necesita. Esto es como si tuviésemos la batidora en marcha sin nada que batir o la lavadora puesta sin ropa dentro. Cuando la tele está encendida la conversación se hace mucho más difícil, por lo menos la conversación relativa a algo que no salga en pantalla y a veces nos tragamos, sin quererlo, cosas que motu proprio no veríamos.

¿Es que acaso me va a dominar un aparato por muy smart que sea? Ese fue mi pensamiento. Aunque por aquel entonces aun no era smart, todavía era “la caja tonta”. Y tengo que decir que eliminar la televisión de nuestras vidas, es una de las mejores decisiones que hemos tomado en casa. La primera pregunta que surge, es “Pero te perderás muchas cosas, ¿cómo conectas con el mundo?” Bueno, ya sabéis que ahora mismo las noticias te las da hasta el reloj, así que la excusa de la conexión con el mundo no vale. Y es verdad, te pierdes algunas cosas, como quien narices es el chico este de ojos azules por el que gritan las quinceañeras y los “volvemos en 7 minutos”, pero nada más.

¿Qué ganas a cambio? Sobre todo, la capacidad de escoger. Tú decides si quieres ponerte una serie o una peli o un programa, en el portátil. Pero cuando tú quieres y porque tú quieres. Y si no, no tienes que estar escuchando ruido de fondo que te termine atrapando. Cenar sin la tele puesta predispone a hablar del día a comunicarse e interesarse por lo que ha pasado en el día y además, el silencio ayuda a uno mismo a encontrarse con su interior y a conocerse mejor. Y lo más importante, ayuda muchísimo a los niños a desarrollar la creatividad.

En definitiva ganas en libertad, ganas tiempo, ganas salud mental… ¿os animáis al desafío? ¡100% recomendable!

Todo hay que decirlo… nosotros tenemos un proyector con una pantalla de 100 pulgadas al que conectamos el ordenador y eso si que es una experiencia dolby sorround 😉