Cuando decidimos ir a por a Izaskun (siiii…es una niña!!) le dijimos al Señor, “pues nada, nos ponemos en tus manos, cuando tú quieras y como tu quieras”. Siempre que dices que estás embarazada y eres cristiana, hay una pregunta que es como si vieras que el otro está barruntando por dentro, “¿será buscado?” Aquí quiero decir algo. Vamos a dejar los mitos tontos atrás. Estar abierto a la vida, no significa ser imbécil. Somos hombres y mujeres de este siglo. Vamos, que nos venimos arriba pero vivimos abajo. La paternidad responsable. Tenemos la misma (o más) información que todos y decidimos en consecuencia. Con algunas diferencias: (1) nosotros tomamos la decisión entre tres, (2) nuestra llamada es a una generosidad muy grande, puesto que al que mucho se le dio, mucho se le pedirá. Y (3) además se nos ha pedido no desvirtuar nuestra sexualidad, para que se esta sea plena, porque es para el matrimonio un pilar super importante y la mayor expresión de entrega y amor. Pero esto da para otro post.

Y cuando decidimos ir a por Izaskun, no sabíamos si iba a tardar poco o mucho en llegar. Ni si quiera sabíamos si vendría. Pero recibimos un regalo enorme… supe que estaba embarazada la víspera de Nochebuena y uno puede pensar que por ser el tercero ya te pilla como más hecha, pero en mi caso, cada vez es más bendición, cada vez es más misterio y cada vez es más agradecimiento. Y vuelves a leer las cuentas en la cara de la gente “3 niños en 4 años… uhm…” A ver cuando aprendemos que no se trata de números, que cada familia tiene una misión y que no tiene absolutamente nada que ver con su tamaño. Dios no necesita nuestros números para dar fruto, saca maravillas de nuestra nada.

Y cuando decidimos ir a por Izaskun, sabíamos que teníamos una casa de dos habitaciones con un baño. Y que las literas triples eran nuestro futuro. Y otra vez lees “Se tendrán que cambiar de casa y de coche”. Pues no, de momento no podemos. Decidimos que no íbamos a esperar a tener una casa Hilton, ni el megacoche, ni los ahorros necesarios para darle a cada hijo un ipad. Decidimos que lo que queríamos darle a un hijo, era todo el amor posible. Y es bien sabido que el amor se nota mucho más cuando duermen 3 en una habitación (el amor, los roces y otras muchas cosas más…). Y todo lo demás, si llega, será por añadidura. Que la semilla crece en la tierra sin que el hombre sepa cómo y yo sé que Él se encarga. De todo.

Hace poco nos preguntaron si ser padres nos había llevado a renuncias profesionales. Pues sí, en nuestro caso sí. Y no podríamos ser más felices. Ni estar mas agotados, por cierto… El reconocimiento que te da el mundo cuando te ascienden o cuando tu cargo alcanza muchas siglas en inglés, está totalmente normalizado. Sin embargo, el mundo no te felicitará por elegir querer ver a tus hijos jugar con Pocoyó, no te reconocerá el esfuerzo de volver a aprenderte los ríos que recorren la Península para pasarles la lección, ni te pagará en dinero por “perder” dos horas escuchando las injusticias del mundo pre-adolescente. Pero uno tiene que hacerse una pregunta, ¿yo qué quiero? El reconocimiento del mundo, entonces hay un camino. ¿Colmar una llamada que Dios me hace? Hay otro camino. Y las decisiones, grandes y pequeñas, que tomamos cada día nos llevan directamente a aquello donde tenemos el corazón. Allí donde está nuestra felicidad. Para mi ningún trabajo, ni ningún cargo, ni ningún sueldo se puede comparar con lo que supone ser madre.

Ya me ha regalado casi 7 meses de embarazo y millones de cosas no han salido como habíamos planeado. No os voy a decir que me encante, me cuesta dejar de amarrar los ponys, me duele cuando he puesto mucho esfuerzo en algo y al final solo hay dificultades. Pero ahí es donde Él me salva. No sé si os he contado que se nos ha roto el sofá. Y es lo mejor que nos ha podido pasar. Porque nos hemos dado cuenta de que nos hemos pasado bastante tiempo saltando en él. Cenando con amigos en casa con los que hemos arreglado medio mundo y viendo (perdón, durmiendo) pelis en nuestras noches de cine de los viernes.

Descansa, hay cosas que no dependen de tus fuerzas. Y menos mal…