Conocerles ha sido una lección de vida. Un regalo poder sentir de primera mano la historia de una familia que a ojos del mundo podría y debería estar desecha, hundida, rota y que contra todo pronóstico se agarra al Señor para transformar su cruz en esperanza. Que encuentra motivos para vivir y una tarea de vida en aquello que les ha pasado. Han sabido confiar en un designio que está por encima de ellos mismos y han convertido la tragedia en una misión, en una llamada.