Domingo, 09:15. Aquí estamos las dos en la sala de urgencias, esperando a que Caye haga pipí en una bolsita de plástico, para descartar una posible infección. La fiebre nos ha hecho venir de buena mañana al hospi.

La sala está totalmente vacía y mientras espero a que suceda el acontecimiento del pipí, veo algunos stories en Instagram y como cabe esperar en el último finde de junio, veo desayunos preciosos con bollería en vajillas de loza, veo despertares en la playa o en la Sierra, aún quedan fotos de las salidas y jolgorios varios del sábado noche… E inevitablemente pienso en la ironía de la comparación entre lo que veo en las redes y mi situación con nuestra amiga la bolsa y el pipí.

Y me río. Y pienso en cuando yo también tenía findes “perfectos” y de repente me doy cuenta de que si pudiera cambiarme, ¡no lo haría! A ver, un croissant de esos me comía, vale, pero que no, que nadie por favor me quite mis días llenos de desastres, mi leonera de casa, mis tardes de “no guardo la fregona que estamos en plena despañalización” , mirarme con Jose partida de la risa cuando la cosa no puede ir a peor, los lloros en estéreo, mis findes de cero descanso… Y es que no me reconozco. Yo que me frustro si me cambian los planes medio milímetro… Algo está pasando.

11:23. Con tanto pensar se me ha ido el santo al cielo y entonces miro la bolsa y veo que Caye por fin ha hecho pipí. Y me voy corriendo a por la enfermera. Ahora hay que esperar los análisis. Dan leucocitos, hay que sondar. Y vuelta a esperar.

Evangelio de este domingo. Ojo, que por fin empiezo a entenderlo de verdad. Es que la vida sin Cruz es como el Donuts light, no tiene sentido. Porque es cuando uno se da hasta el extremo y lo rinde todo, hasta sus pequeñeces, que se hace libre para acoger todo lo que venga y es libre para ser feliz siempre. Mientras que de lo contrario seremos esclavos de tener una vida “Instagram” y esperar “algo” para estar bien.

12:45. Llegan los resultados y no hay infección, ¡Yujuuu!! Informe y a esperar pacientemente a que la fiebre baje. Caye ya sonríe. Había que venirse un poco arriba. 😉