La Queen Mary University de Londres ha publicado un estudio en el que se revela que los padres que tienen unos altos niveles de exigencia con respecto a los resultados académicos de sus hijos son más infelices que aquellos que no los tienen.

¡Qué afirmación tan curiosa la de este estudio! No habla directamente de la felicidad de los niños (sí lo hace luego), si no que habla de la de los padres primero.

A veces me pregunto, ¿Cuántas cosas hacemos por nosotros mismos encubiertas bajo la excusa de “es por el bien de los niños”?

¿A esto se refiere el Papa con lo de “perder el tiempo” con tus hijos? XD 

“Buscar la excelencia” son dos palabras que encierran, quizás, la clave de la felicidad de nuestros hijos (y por lo que se ve, la nuestra también). ¿Dónde hemos decidido poner la meta de la felicidad? ¿En ser el primero de clase? Esto puede ser peligroso, puesto que primero será lograr ser el primero de la guarde (reíros pero ya sabéis que hay competencia a este nivel también), después el primero en el cole, después el primero de la universidad, luego será tener el mejor puesto en la empresa y así más y más y más… buscando el reconocimiento de un “supuesto entorno” que puede que jamás llegue o mejor dicho, puede que jamás llene.

¿Y si yo enseñara a mi hijo que la excelencia no se busca fuera? ¿Qué uno puede ser excelente en el Amor y eso siempre hace feliz? Por supuesto que tienen que estudiar, pero: ¿colegio, deberes, extra-escolares, música, deporte y manualidades? Me gusta lo que dice el Papa Francisco “hay que aprender a perder el tiempo con nuestros hijos” (¡¡Propósito de nuevo curso!!). Ni si quiera habla de estar haciendo “algo” con ellos, habla de perder el tiempo, de mirarse, de reírse… Yo soy el culmen del activismo y esto puede costarme un triunfo cada día, pero qué importante crear esa confianza para que todo quepa en la relación con nuestros hijos.

Según la investigación realizada por la Universidad londinense, estos niños sometidos a altas exigencias podrían quedar marcados de por vida al vivir en un entorno dominado por el estrés y la infelicidad.

Mi reto como madre es enseñar a mis hijos a amar. Y creo que eso solo se enseña siendo amado. Y no solo cuando saquen buenas notas, si no siempre. ¿Qué difícil, verdad? Transmitirles que hagan lo que hagan, nosotros les querremos, sin condiciones. Y confiar y darles la autonomía suficiente para que ellos se encarguen de construir su propia responsabilidad, basada en nuestra enseñanza (y nuestro ejemplo) de unos cimientos que les hagan verdaderamente felices.

En esta línea, y para terminar, he leído dos cosas este fin de semana: una, que empieza a existir un síndrome generalizado de la sobre-protección y que no dejamos a nuestros hijos correr sus propios y necesarios riesgos y otra, que uno de los errores más frecuentes de los padres es convertirse en maestros al sentarse con los hijos para hacer con ellos los deberes, impidiéndoles desarrollar capacidades de responsabilidad. ¡[Así que ya sabéis, regalarles la agenda blessings y dejad que se organicen! 😀 😀 😀 ]

¿Qué opináis? ¿Os apuntáis al propósito de nuevo curso? ¿Alguna idea para llevarlo a acabo?