Muchas veces los hijos (el mío no, que todavía no habla) hacen preguntas que son muy difíciles de responder. ¿Por qué el mar no se sale? ¿Quién pinta las nubes? ¿Por qué el agua está húmeda? Y uno tiene que tirar de ingenio y ciencia avanzada, para dar respuesta al aluvión de interrogantes que se les plantean.

Creo que es buenísimo que se planteen cosas y las pregunten. Porque además, ellos están libres de prejuicios y vergüenzas, por lo que sus preguntas son de lo más original y variopinto.

Hay otras preguntas que no son tan científicas. Hoy os traigo un post que da respuesta, a través de parábolas, a algunas de las típicas preguntas que pueden surgir de nuestros hijos. Para que lo podáis tener a mano rápidamente, porque ¿qué mejor respuesta que: “Vamos a ver que dijo Jesús respecto a eso que me preguntas”?

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  1. ¿Por qué a él le sale todo mucho mejor, si yo me he esforzado más?

PARABOLA DE LOS TRABAJADORES (Mt 20: 1-16)

A menudo a los niños les sale sin querer una vena celosa y comparativa (a los adultos también…) que puede hacerles mucho daño. Sabemos muy bien que no siempre por trabajar más o merecer más una cosa, vamos a obtenerla. La parábola de los trabajadores habla de cómo el dueño de una viña, va llamando a los trabajadores para que vayan a su finca a diferentes horas del día. Sin embargo al final de la jornada, paga por igual a los que estuvieron todo el día y a los que estuvieron solo horas, ya que así lo había acordado. Jesús dice: “Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”

  1. ¿Por qué tengo que ayudar a los demás?

PARÁBOLA DE LOS TALENTOS (Mt 25: 14-30)

Cuando a nuestro hijo se le da bien hacer algo, puede sentir que es mérito suyo y que no es su culpa que los demás no sepan hacerlo tan bien. La parábola de los talentos, explica cómo nuestros dones son regalos que Dios nos presta para ponerlos a “rentabilizar”.  Que no podemos quedárnoslos para nosotros, si no que son para los demás. Jesús dice: “Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”

  1. ¿Por qué tengo que perdonarle si ha sido malo conmigo?

PARÁBOLA DE LA OVEJA PERDIDA (Lc 15:1-10)

Enseñar que hay alegría en perdonar es algo muy valioso. La mejor manera de entender por qué hay que perdonar es a través de la experiencia de cuando nos han perdonado a nosotros mismos. Enseñar que el amor está por encima de que todo y que uno no tiene que merecérselo para que Dios le perdone. La mejor parábola para describir esta experiencia es la parábola de la oveja perdida. “Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”

  1. [MUY ÚTIL ENTRE HERMANOS] ¿Por qué a él le dices que lo ha hecho bien si yo lo llevo haciendo mejor mucho más tiempo?

PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO (Lc 15, 11-32)

Aunque la parábola del hijo pródigo también sirve para hablar del perdón, tiene otra dimensión muy valiosa a la hora de alegrarse por lo que nuestros hermanos consiguen, sin entrar en buscar el reconocimiento de uno mismo. “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas”

  1. Esto me cuesta mucho, ¿Por qué las cosas no pueden ser más fáciles?

PARABOLA DEL TESORO ESCONDIDO (Mt 13:44-46)

Para transmitirles que aquello que merece la pena cuesta un esfuerzo, está la parábola del tesoro escondido, donde un hombre encuentra un tesoro enterrado en un campo y debe volver a su casa y vender todo lo que tiene para comprar el campo que alberga el tesoro. Suponemos que le costaría mucho vender todo, pero él puso el énfasis en que por conseguir el tesoro, todo merecía la pena.

  1. ¿Por qué se lleva otro el mérito de algo que he hecho yo? No es justo.

PARÁBOLA DEL FARISEO Y EL PUBLICANO (Lc 18:9-14)

Esta parábola les da pistas para buscar el verdadero reconocimiento donde hay que buscarlo. Y a no hacer las cosas por buscar el aplauso de los demás. Cuál es la verdadera humildad. El fariseo lo hace todo según la ley, pero solo para que los demás lo vean y se lo valoren, el publicano, no puede ni levantar los ojos al rezar, pero pide compasión. Jesús dice: “Os digo que éste bajó justificado a su casa, y aquél no. Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado”

  1. ¿Por qué tengo que seguir insistiendo si no soy capaz de hacerlo?

VÍRGENES PRUDENTES (Mt 25:1-13)

¿Cómo enseñarles a no rendirse? La parábola de las Vírgenes prudentes nos enseña la importancia de ser perseverantes, de la paciencia, de aguardar la promesa de que se nos hace de que si no desfallecemos lo conseguiremos. No sabemos cuándo, por eso no hay que dar espacio al desánimo si no seguir siempre al pie del cañón.